Los transgresores eran capaces de mover el cosmos: con sus faltas lo desordenaban y con sus festividades, ayunos, confesiones y castigos reparaban el equilibrio perdido.
De un montón de tierra sumergida en agua, la materia carbonizada flotó. Cuando se “leyó” al microscopio, era una cúpula de maíz, el tercero en orden de antigüedad en el país.
Sus habitantes ya trabajaban la turquesa y elaboraban diversos ornamentos y objetos rituales, que formaron parte de ofrendas dedicatorias y funerarias en varias de las estructuras más importantes.
Cada 2 de febrero es el platillo más consumido en todo el país, pues la tradición manda pagar con tamales la suerte de encontrar al Niño Dios la Rosca de Reyes.
“Vende tamales de carne, tamales de carne de pavo, tamales sencillos, tamales cocidos en un horno de tierra y también en olla [...]”. Fray Bernardino de Sahagún