Las sociedades del Epiclásico compartieron una característica fundamental: fueron militares y competitivas; sus principios ideológicos y organizativos pueden considerarse antecedentes de las culturas que les sucedieron, la tolteca y la mexica. Xochicalco es el ejemplo más conocido de aquellas sociedades del Epiclásico y la que nos ofrece un panorama más completo de su organización política interna.
Con las palabras mayas Balam, jaguar, y Ku, templo, se bautizó el sitio arqueológico hallado en noviembre de 1990 por el arqueólogo Florentino García Cruz y los custodios del Centro INAH en Campeche, quienes atendían una denuncia de saqueo. Se denominó el sitio con ese nombre, ya que en la parte central del friso superior del edificio al que haremos referencia, existe una deidad con aspecto felino.
La relación del hombre de estas tierras con el maíz, plena de simbolismos, está basada fundamentalmente en su papel como nuestro alimento principalísimo. Aunque hoy en día vemos como algo natural los modos en que aprovechamos ese grano y apreciamos sus virtudes como fuente de proteínas y gozamos de su sabor, llegar a ello requirió de siglos de experimentación, de prueba y error, hasta que se encontraron las técnicas más adecuadas para procesar la planta –en especial el grano–, y los mejores y más suculentos modos de prepararla.
Los elementos astronómicos de Xochicalco confirman su importancia social, política y religiosa frente a otras poblaciones contemporáneas, y la ubican como una urbe dominante poseedora y generadora de conocimientos, capaz de convocar a gobernantes y sacerdotes de otros sitios para mostrar los avances intelectuales.
Por el relieve que lo conforma, por la abundancia de agua y por su clima, de templado a cálido, el estado de Morelos favoreció, desde tiempos remotos, el desarrollo de las grandes culturas mesoamericanas. En el presente artículo, además de abordar la época prehispánica, se hace un breve recuento de las investigaciones y trabajos en la región a lo largo del tiempo, hasta llegar a los tiempos más recientes.
“La vainilla es como una cuerda, decía de ella un informante de fray Bernardino de Sahagún, es como el tetzitzili. Su grano es verde, negro cuando se seca, por lo que se llama tlilxóchitl. Es perfumada, fragante, preciosa, buena; una medicina. Tostada se mezcla con cacao. Yo pongo tlilxóchitl al cacao, lo bebo con tlilxóchitl.” Amuleto para los antiguos, durante la Colonia se le atribuyeron poderes medicinales. Ha sobrevivido incluso a la aparición de la vainilla artificial, pues ¿cómo sustituir al abrasante sol tropical, bajo cuyo cobijo crece?
Memoria en extracto de las exploraciones llevadas a cabo por mandato oficial de las ruinas de Teotihuacán, durante los años de 1905 a 1911 y que fue sometida a la docta Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.