El Occidente de México albergó varias tradiciones culturales en la época prehispánica. Una de ellas, la llamada Tumbas de Tiro, se distingue entre otras cosas por sus ofrendas en las que abundan figuras humanas de cerámica, que muestran una gran variedad de tocados y peinados.
Enrique Vela. Arqueólogo por la ENAH, editor, desde hace 30 años trabaja en el ramo editorial.
Entre los descubrimientos de las excavaciones arqueológicas realizadas en el Templo Mayor sorprende la cantidad de fauna exótica que los sacerdotes mexicas adquirían para depositar en las ofrendas. Uno de estos animales era el cocodrilo.
El especialista consultaba el tonalpohualli, determinaba cuál era la combinación (de 20 signos de los días con 13 números) que correspondía a la criatura, e informaba a los padres cuáles serían su suerte, sus virtudes, sus defectos...
Las prácticas asociadas al adorno del cuerpo –con ropas, pinturas y joyas– son universales y se remontan a las primeras etapas del desarrollo del hombre moderno.
El cuerpo de Cipactli se dividió en nueve pisos que formaron la Tierra y nueve que dieron lugar a los estratos de un cielo superior. El espacio intermedio, el que ocuparon las criaturas, tuvo cuatro niveles. Los nueve pisos inferiores dieron al 9 el carácter femenino. Los restantes, de la superficie de la Tierra hasta el piso más lejano del Cielo, fueron los 13 pisos celestes y masculinos.