También llamados michoaque (“los de la tierra del pescado”) o purépechas, los tarascos se encuentran entre las sociedades más importantes del Posclásico mesoamericano. En este periodo se erigieron como orgullosos y tenaces opositores a los afanes expansionistas de los mexicanas.
Del gran desarrollo alcanzado por esta compleja sociedad son magníficos testigos los vestigios de sus principales ciudades, como Tzintzuntzan e Ihuatzio.
Con estas palabras se inicia el relato solemne de la historia de los tarascas que, año tras año, el sacerdote mayor de este pueblo, o petámuti, hacía durante la fiesta de las flechas.
La técnica decorativa del maque de origen prehispánico, tanto en jícaras y calabazos como en madera consiste en la aplicación de una pintura al óleo mezclada con tierras.
El Señor de Las Limas fue creado por los olmecas para transitar de un sitio a otro, portando como ofrenda el misterio y la clave de la antigua cultura que lo originó.
A partir del Clásico Tardío se incrementaron las actividades políticas; tanto alianzas y matrimonios convenientes como la guerra aparecen de forma clara.