Como la de ningún otro producto de esta tierra, la historia del maíz mexicano está íntimamente ligada a la del hombre. Tan cierto como que sólo gracias a su intervención la planta encuentra condiciones propicias para nacer y crecer.
Algunas cruces plantadas en los linderos de las comunidades en las costumbres y en la bifurcación de los senderos, indican a los caminantes los caminos a Paxil.