Al igual que lo hicieron con otros dones de la naturaleza, los habitantes del México antiguo supieron aprovechar –tras la experiencia acumulada en cientos de años– con eficacia las rocas y minerales que ofrece la privilegiada geología de su territorio.
La turquesa, de la que se ha recuperado más de un millón de piezas de origen prehispánico, aparece en casi todos los ámbitos donde se conjuntan el pensamiento y el simbolismo mesoamericanos: se le relacionaba con la lluvia, la sabiduría, el discurso sagrado, la fertilidad, el poder político, el concepto del tiempo, etc. Ninguna civilización, antes o después, ha valorado la turquesa tanto como la antigua Mesoamérica.
La tecnología metalúrgica del México antiguo, que en gran parte se extinguió a causa de la conquista española, fue una de las más variadas e imaginativas de las metalurgias del mundo preindustrial.
Para hacer instrumentos de corte los mayas prefirieron las rocas que al romperse producen fragmento muy filosos, como el vidrio roto. Esas rocas fueron la obsidiana y el pedernal.