En la época prehispánica, al cinabrio, la hematita y la cochinilla se sumaban los tintes rojos obtenidos de plantas. Los principales eran el palo de Campeche, el achiote y el palo de Brasil, los cuales se utilizaban principalmente para teñir textiles y decorar el cuerpo. Además de los tintes y pigmentos que se obtenían de minerales y plantas, se recurría a otros elementos para conferir los significados inherentes al rojo a atavíos y objetos, entre ellos plumas, conchas y piedras preciosas.
Varias de las obras actuales que se encuentran en el Museo Nacional de Antropología tratan básicamente de ilustrar mitos, repitiendo o estilizando formas que pertenecieron a un poderoso inconsciente colectivo que no pretendió narrar, sino simbolizar.
Como nahuatlato, se le ofreció la cátedra de lengua náhuatl en la Escuela Preparatoria, misma que no aceptó hasta conocer esta lengua, lo que hizo para, entonces sí, aceptar el ofrecimiento
El sitio arqueológico se encuentra al suroeste de la Ciudad de México y es su antecedente directo, ya que fue uno de los principales asentamientos humanos, desde el Preclásico.