Uno de los más importantes rasgos de la cosmovisión mesoamericana fue considerar como entes vivos los elementos del paisaje: cuevas, barrancas, manantiales, árboles y montañas.
El entorno de San Lorenzo, fuente de abundantes recursos alimenticios para su creciente población, fue uno de los factores que facilitaron su destacado desarrollo sociopolítico.
Las grandes ofrendas de hachas y seudohachas enterradas a la usanza olmeca en San Isidro, Chiapas, son ejemplo del respeto que tuvieron los zoques de Chiapas por los conceptos cosmológicos olmecas.
Chalcatzingo se encuentra al pie de los cerros Delgado y de la Cantera, los cuales forman una hendidura que para los olmecas simbolizaba el lugar en donde brotaba el maíz.
Los hallazgos en ese conjunto arquitectónico –entre ellos cinco ofrendas masivas y más de 30 ofrendas con cerca de 3 000 objetos– marcaron la historia de la arqueología olmeca.
Hace más de 3 000 años, entre 1200 y 400 a.C., en Mesoamérica ocurrieron el apogeo y la decadencia de la cultura olmeca, una de las grandes civilizaciones prehispánicas. Los olmecas, “los que habitan la tierra de hule”, recogieron y sintetizaron las pautas culturales que por siglos se habían desarrollado en el área.
La exploración, extracción y refinación del petróleo son algunas de las actividades económicas más relevantes del México actual; sus raíces se remontan a los olmecas, quienes fueron “los primeros petroleros”. Se sabe que utlizaron el chapopote para sellar acueductos y embarcaciones, como decoración de figurillas y en mangos de cuchillos, y como material de construcción.
Aunque Cerro Barajas se encuentra en un área que para la época de la conquista española estaba habitada por grupos de cazadores-recolectores, muestra rasgos propios de las sociedades mesoamericanas.
Los datos obtenidos hasta ahora en el Cerro Barajas ofrecen una imagen más precisa de la naturaleza y evolución de la ocupación prehispánica de esa zona.